El vino blanco se debe mantener siempre a una temperatura fresquita, y con las copas de vino tradicionales, nuestro cuerpo a 37 grados tarda poquito tiempo en transmitir parte de este calor a una copa de vino que ha sido servida a 5 grados. Con el doble aislamiento de la copa de cristal, tenemos una copa de vidrio que al mismo tiempo impide que el calor de nuestra mano pase al caldo y nos estropee el sabor del vino degustado a su temperatura correcta. Un acierto!
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